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Realizan primer monitoreo marino con técnica que permitirá mejorar gestión en Áreas Silvestres.

Durante cuatro días de navegación por sectores de la Reserva Nacional Kawésqar y del Parque Nacional Bernardo O’Higgins de la Región de Magallanes, investigadores y profesionales de Corporación Nacional Forestal CONAF realizaron un monitoreo marino, utilizando por primera vez diversas herramientas tecnológicas para identificar y evaluar el estado de especies y amenazas a la biodiversidad en forma simultánea.

A bordo de la lancha “Yepayek” de esa institución, el grupo utilizó drones y un robot submarino, y puso a prueba una metodología de monitoreo cuya efectividad solo se había comprobado en áreas terrestres: el programa Spatial Monitoring and Reporting Tool (SMART).

“Esta navegación marca un hito dentro de la labor que CONAF realiza en la parte marina de las reservas y parques que administramos. Si bien, el monitoreo es una actividad que debiese ser frecuente en las áreas protegidas para entender el estado de salud o condición ecológica de la biodiversidad, la realidad es que no hay recursos ni equipamiento necesario para ello. Por ello, relevamos esta navegación que fue posible con harto esfuerzo y apoyo de organizaciones con las que hemos venido trabajando en los últimos años”, señaló Ignacio Díaz, jefe de la Sección de Monitoreo e Información de la Gerencia de Áreas Protegidas de CONAF, refiriéndose al trabajo colaborativo que han sostenido con el Programa Austral Patagonia de la Universidad Austral de Chile y la ONG The Pew Charitable Trusts.

El foco del monitoreo estuvo puesto en el mapeo de los bosques de macroalgas, especie que cumple un rol fundamental como sustento de la vida marina, además de ser potenciales refugios de biodiversidad frente al cambio climático. Asimismo, se monitorearon otras especies cuya conservación es prioritaria, incluidas ballenas jorobadas, chungungos, delfines, huillines, cisnes de cuello negro, entre muchas otras especies marinas.

“La diversidad de especies es realmente increíble en estas áreas protegidas, y haberlas podido captar en directo fue una experiencia conmovedora. Además, tuvimos la oportunidad de registrar imágenes del fondo marino y sus especies, y también -lamentablemente- de la basura posada en él, a pesar de tratarse de ecosistemas tan retirados”, dijo por su parte Gabriela López, bióloga marina, encargada del Departamento de Áreas Silvestres Protegidas de CONAF Provincial de Huasco, Atacama y miembro de la tripulación.

En efecto, la expedición contó con un robot submarino facilitado -junto con el dron- por la ONG de conservación WCS, demostrando cómo la colaboración interinstitucional permite avanzar en la gestión de las áreas protegidas marinas. El robot logró llegar a una profundidad de 30 metros y observar la fauna marina y amenazas como la acumulación de basura.

Ecosistemas marinos en la Patagonia

Al menos siete parques y reservas nacionales en la Patagonia chilena abarcan una importante porción de mar que resguardan ecosistemas, especies y culturas tradicionales únicas.

El Parque Nacional Bernardo O´Higgins y la Reserva Nacional Kawésqar poseen 790 mil y 2.6 millones de ha de superficie marina, respectivamente. A ellas se le suman la porción marina de los parques nacionales Alberto de Agostini, Laguna San Rafael e Isla Magdalena y las reservas nacionales Las Guaitecas y Katalalixar, alcanzando un total aproximado de 6.3 millones de hectáreas de maritorio bajo protección oficial del Sistema Nacional de Áreas Protegidas del Estado SNASPE, administrado por CONAF, cuyos esfuerzos están puestos en aminorar las amenazas que afectan la integridad ecológica y conservación en dicho territorio.

En dicho marco, los principales desafíos están puestos en la necesidad de una mayor coordinación insterinstitucional, competencia marino-costera, interpretación de normativa, gobernanza y mayores recursos para el trabajo de monitoreo e intervención.

Al respecto, Rodrigo Rodríguez Encargado de Área Silvestres Protegidas Provincia Última Esperanza, señaló que “se espera seguir trabajando colaborativamente para llevar a cabo acciones como el monitoreo marino in situ de especies y ecosistemas. Labores como estas requieren de cierta periodicidad para que aporten a la gestión efectiva de áreas protegidas y, en este caso en particular, de aquellas que presentan el desafío adicional de tener grandes superficies de mar. La colaboración interinstitucional es clave, tal como lo demostró esta navegación”.

Fuente Diariosustentable

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